Leyendo el otro día un interesante post de Xataka sobre las luminarias instaladas en el aeropuerto de Newark en EEUU, no pude evitar una sonrisa maliciosa, mientras que un mental “te lo dije” se escapaba de mis pensamientos.

Resulta que en dicho aeropuerto americano, han instalado unas luminarias LED, en las que la iluminación se convierte en algo secundario, pues incorporan nada menos que sensores y ocho cámaras, con comunicación inalámbrica. Parece que ya hay grandes compañías detrás de desarrollos similares y con instalaciones similares en marcha.

También habla el articulo de pruebas en Las Vegas, para que desde las farolas se reproduzca audio y una instalación en Coophenague de 20.000 farolas como parte de un sistema que se ocupara de controlar el tráfico, monitorizar los niveles de dióxido de carbono e incluso vigilar el llenado de los contenedores de basura.

No me las voy a dar de visionario, son pasos totalmente lógicos y en mi caso, ahora inmerso en el desarrollo de luminarias LED, pero con la herencia profesional de haber estado involucrado en el desarrollo de múltiples cachivaches electrónicos, para todo tipo de usos y sectores, es sencillo verlo.

En el campo de la iluminación, con la llegada de los LED, de la regulación, los sensores de iluminación, de presencia, cada vez hay más electrónica dentro de las luminarias. En cada luminaria tenemos un elemento mecánico a modo de contenedor y fijación (la propia luminaria, ya sea de techo, pared o suelo), unas conexiones eléctricas que suministran energía y otras de datos (para la regulación, ya sean mediante cables o de modo inalámbrico). Porque utilizar todos estos recursos para “tan solo” iluminar??

En una instalación técnica de interior tenemos algunos otros sistemas que se podrían integrar en las luminarias y aprovechar la misma instalación, cámaras de seguridad, sensores de alarmas, incendios, sensores para toma de datos, sonorización, etc.

En el caso de la iluminación vial aun me parece más lógico e importante esta integración, pues la instalación de elementos urbanos tiene un mayor coste, por lo que el aprovechamiento de una “farola” integrando otros elementos debería ser hasta exigible. Tenemos en cualquier ciudad miles de postes para iluminación vial instalados, desde los que poder hacer “inteligente” una ciudad sin necesidad de abordar costosas instalaciones paralelas. Las farolas pueden integrar muchos de los sistemas que podamos imaginar, sensado de calidad del aire, de contaminación acústica, tráfico, control de zonas libres de aparcamiento, repetidores de wifi, cargadores de vehículos eléctricos, sonorización y megafonia, etc.

Pienso que tenemos por delante unos años increíbles, en los que la adopción de la tecnología en el mundo de la iluminación ya no se ve como “ciencia-ficción” por los fabricantes de luminarias y las aplicaciones reales comienzan a verse. Esto supone un importante reto para fabricantes, una posibilidad de negocio para quien sepa posicionarse y adaptarse a las tendencias y oportunidades que la tecnología nos ofrece.